miércoles, 15 de febrero de 2012

GALERÍA I


La función inicial de las máscaras es ocultar el rostro. Las máscaras indígenas sustituyen el rostro del alma porque tienen otra función: suscitan un cambio temporal de identidad.

Los antiguos mexicanos consideraban que la naturaleza era una dualidad cruel; creadora y destructora, en la que el hombre era, al mismo tiempo, cazador y presa.

Los indígenas celebraban danzas y rituales místicos para controlar aquellas fuerzas opuestas, representando con máscaras a las que podían otorgarles fertilidad en todos los campos de la vida.

Las máscaras son el único recurso legítimo cuando se trata darle al alma un nuevo rostro.

En contraste con otras artesanías, las máscaras no tienen una función práctica evidente: ni riegan campos, ni conservan el calor, ni acarrean agua.

Las máscaras indígenas son, más bien, rostros y manifestaciones del mundo invisible, la religiosidad y las creencias que determinan una cultura. Cada máscara es una expresión de todo un conglomerado de creencias.

A través de las máscaras, los chamanes hacen contacto con el espíritu y con otros mundos, convirtiéndolas en elementos capaces de canalizar las fuerzas espirituales.

Los estilos de las máscaras son las formas locales, altamente especializadas, que le dan una apariencia tan peculiar a cada una que permite determinar con certeza cuál es su región de origen.

Actualmente, resulta más difícil reconocer el estilo o zona de origen de algunas máscaras debido a la gran popularidad que han adquirido recientemente y que las ha convertido en atractivos comerciales y mercantiles para los turistas, sus principales consumidores.

Ideas, motivos y símbolos representados en las máscaras de los grupos indígenas de México se han extendido sin observar sus orígenes y han sufrido influencia de otros grupos y culturas y su difusión no ha sido uniforme ni consistente.

La mayoría de las máscaras contemporáneas están hechas con madera; otros materiales son usados sólo para conservar las características originales de algunos diseños.

El pelo suele estar tallado y pintado directamente sobre la madera, pero en algunos casos, se utilizan materiales suplementarios como ixtle, lana, cera, malla de alambre, hojalata, cartón, pelo de animal, etc. Los ojos generalmente están esculpidos y pintados y dejan un pequeño orificio para que el usuario pueda ver. En el caso de máscaras grandes, los orificios nasales sirven para tal propósito.

En los estados de Sonora y Sinaloa, ubicados en el noreste mexicano, los yaquis y mayos son reconocidos por su destreza como mascareros.

Aunque son etnias distintas, comparten algunos motivos, estilos y tipos de danzas.

Usan básicamente, dos tipos de máscaras:

La Pascola, que es una pequeña máscara de madera adornada con crines largas y la Chapayeca que, aun cuando es un personaje “humano”, tiene el rostro totalmente cubierto de pelo. Esta última se usa en la dramatización de la “Pasión” de Cristo.

Los huicholes de Nayarit y Jalisco, tradicionalmente hacen sólo una máscara: la del Tata Nakawé. La usan en la ceremonia de los “primeros frutos”.

Originalmente no pintaban las máscaras, pero para mejorar las ventas entre los turistas, han optado por añadir colores a los patrones tradicionales que usan para pintarse la cara.

En contraste con las máscaras opacas y pardas de los vecinos huicholes, las de los coras de Nayaritson de colores brillantes y altamente decorativas.

Las usan en las celebraciones de Semana Santa, pintadas como animales fantásticos. Las hacen a base de papel y las cubren con fibras o pelo de animal.

La mayoría de las máscaras de Guerrero son procedentes de las comunidades nahuas y son las que han conservado mejor sus características prehispánicas.

Son famosas las máscaras de Tigre de esta región porque tienen un estilo distintivo y están finamente terminadas y cuidadosamente laqueadas. En esta zona suelen hacerse máscaras que combinan distintos animales, así como máscaras de Moros y Caimanes.

Los artesanos de Guerrero producen buena parte de las máscaras de México.

Las máscaras humanas de Michoacán, como las de los Viejitos y los Negritos, se caracterizan por sus terminados finos y se han convertido en una de las mayores atraccciones turísticas de la zona.

Los purépechas o tarascos elaboran también máscaras con motivos de animales, por ejemplo las de diablos, con enredos de serpientes y dos o tres conjuntos de cuernos. La mayoría tienen la boca abierta, simulando un alarido.

En términos de cantidad, Oaxaca es el tercer productor de máscaras en México. Éstas son menos realistas y tienden a reflejar la vida y el humor nativo.

Los únicos indígenas oaxaqueños que han conservado un estilo son los Huaves. Ellos tienden a usar materiales y motivos animales en sus máscaras; las tres más importantes son las de tortuga, víbora y armadillo.

Los nahuas de Puebla y Guerrero elaboran máscaras finamente terminadas.

La máscara de Apache está hecha con piel pintada en tonos oscuros, con círculos dorados y anillos en la nariz.

Otro estilo distintivo de las que todavía se usan en Puebla es el de la máscara de Santiago de Cuetzalan, la cual tiene una nariz larga y puntiaguda pintada de rojo brillante.

En Chiapas existen tantos estilos de máscaras somo etnias habitan en el Estado.

Las máscaras más realistas de Chiapas, que además son las más famosas, son las de Parachicos, originarias de Chiapa de Corzo.

Las Sak-Hol son medias máscaras que parecen tener más influencia Hindú que Europea.

De Chiapas vienen también otras que son únicas: las máscaras tzotziles de carnaval, hechas de piel.

En el Estado de México y el Distrito Federal, las máscaras tienden a representar temas humanos, más que de animales.

Son de fácil elboración. Se utiliza papel mâché moldeado y el único aplique que lleva es la nariz, ya que los ojos y la boca están formados por simples ranuras pequeñas.

Más realistas y comerciales son las máscaras de cerámica que se elaboran en Chimalhuacán, Estado de México.

Muchas máscaras de Veracruz son representaciones de caras humanas y algunas veces son figuras de animales, sin la complejidad o precisión en los terminados que se encuentran en las de Guerrero oPuebla.

En las máscaras de Noalinco hay una tendencia a exagerar las ceja, cuya pintura, al igual que los bigotes, sugieren una posible influencia africana.

Suelen encontrarse motivos de serpiente aunque éstas no representen un símbolo de agua o lluviacomo ocurre en otras zonas. El simbolismo aquí probablemente se relaciona con la abundacia de serpientes venenosas en el área y tienen una función de talismán.

En algunos casos, los animales juegan un importante papel en la reminiscencia de prácticas religiosasindígenas.

En Guerrero y Puebla es donde mejor se trabajan las máscaras de animales.

En cada región tienen un significado diferente, pero en todas las zonas representan un elemento fundamental en la sustitución de la identidad espiritual.

Los Moros son los villanos de la danza de Moros y Cristianos.

Las máscaras que representan a los moros generalmente son de hombres-pájaro, en ocasiones realistas, en otras más crudas y estilizadas, pero siempre reconocibles. Algunas muestran una expresión de feliz redención, mientras otras son caras tristes o hasta ensangrentadas.

Hay algunas variaciones. La máscara del Moro Chino es un rostro rojo con nariz larga en espiral.

Hay dos tipos básicos de Diablos: el tradicional diablo europeo y el estilizado, raro y monstruoso que tiene su origen en las máscaras prehispánicas de los Monstruos nahuas.

A excepción de las máscaras de pastorelas, la figura del diablo es más vista como un payaso que como figura realmente diabólica.

Estos personajes rondan en las fiestas haciendo bromas sexuales y aligerando el ambiente con actitudes irreverentes.

Por ello suele decirse: “El diablo me mandó a hacerlo”.

Los viejos son un estilo común de máscaras en muchas áreas. Los más famosos son los Viejitos de Michoacán.

Representan hombres viejos y son usadas por jóvenes que imitan sus maneras y movimientos de una forma divertida. Guerrero es el estado donde es más frecuente encontrar este sentido del humor.

Los Negritos no sólo participan en la danza que lleva su nombre. Tienen también una función de payasos, similar a la de los diablos. En las fiestas, los negritos hacen bromas sexuales y ayudan a mantener el orden de la multitud durante el baile.

Hay quienes sostienen que su origen posiblemente sean los esclavos negros importados por los españoles, aunque también es probable que su origen sea prehispánico y represente a Tezcatlipoca, el dios de las sombras y de la noche, quien obviamente, aparece pintado de negro y rojo. Los que favorecen esta última postura argumentan que en las costas donde se asentaban la mayoría de los esclavos negros es donde La Danza de los Viejitos es más popular.

La muerte es otro tema que tiene antecedentes europeos y prehispánicos.

La calavera era un motivo común en el arte mesoamericano. Los españoles también trajeron la figura de la muerte en sus representaciones alegóricas del cristianismo, con las que instruían a losindígenas.

La muerte no es un personaje que inspira miedo.

Su función, aunque similar a la del diablo, no es tan cómica ni tiene el mismo nivel de bufonería.

Una figura que ha sido objeto de aceptación nacional, reverencia y afecto es el caballo usado en laDanza de Santiago.

Normalmente, el caballo es una pieza de madera esculpida en dos partes separadas.

El danzante que representa al Caballero de Santiago sostiene la cabeza y las patas delanteras delcaballo de su pecho, y la parte trasera la sujeta de su espalda, dando la impresión de un hombremontado en un caballo.

Las máscaras se han usado en México desde la época prehispánica. Algunas cubrían solamente la cara. También se han encontrado “cascos” de tigre (jaguar) o águila que cubrían completamente la cabeza.

Los guerreros se ataviaban con trajes y máscaras de águila o jaguar porque con ello adquirirían las virtudes físicas de dichos animales.

Una de las máscaras prehispánicas más impresionante es la que se encontró en 1952 en el Templo de las Inscripciones en Palenque (Chiapas). Actualmente, se puede admirar en el Museo Nacional de Antropología, ubicado en la Ciudad de México.

Esta máscara demuestra el culto a los muertos y aparece en casi todas las ceremonias fúnebres. Lamáscara está cubierta con un mosaico de jade e incrustaciones de concha nacar en el iris. 



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